Abandoné todos mis proyectos el dia que me enteré de que Júpiter no orbitaba el sol.
Despertó una serie de ideas en mi cabeza, ideas que no tardaron en consumirme y desterrar conceptos antes inmutables de mi vida, familia, amigos, salud, todo se volvió dispensable.
En mis sueños me invadian estas ideas, los planetas, las estrellas, las anomalías radioactivas, el sol y todas las estrellas. Yo ya no era parte de la tierra, estaba completamente perdido en el abismo del espacio.
Sabía que me estaba acercando a algo tan grande que apenas podía comprenderlo, encontrar una billetera, personas importantes a las que les interesaba, la felicidad se me presento en forma de elecciones y hasta regalos, era absurdo, el mundo estaba tratando de negociar conmigo para que abandone mi misión.
El amor, el placer, la satisfacción de vivir una vida plena, todo ello era nada frente al secreto primigenio al que me estaba acercando.
Perdí un par de dedos de mis pies, pero podía caminar, mis dedos eran flacos pero todavia podian escribir, usar maquinaria y ayudarme a sobrevivir. Pero estaba agonizando. Muerto no servía en una carrera tan larga como esta.
Adoctriné a algunos jóvenes, idealistas con dolencias mentales, a un paso de la locura, moldeables o destruibles y reconstruibles, herramientas cuando termine de trabajarlos, mártires cuando ya no me servían.
“Instituto tecnologico Santo Theobaldo”
Use el nombre de Dios, como un código, no como una burla, no necesitaba gente que pretendiera que tenía algo que aportar, necesitaba gente tan dedicada como yo, lista para morir por la pieza de conocimiento más peligrosa de la historia humana.
Empecé a comer mejor, a dormir más, pero esto solo cuando mis nuevas energía y mi esperanza de vida estuvieran balanceadas con el tiempo estimado del descubrimiento.
Teníamos sangre en las manos, pero sangre bendita, sangre que consintió a ser usada a favor de algo tan colosal.
Nos acercamos, por lo menos lo suficiente para perder a casi todos mis herramientas, no había nada de trágico en ello, sino un placer enfermizo, el placer de las pruebas y los testigos, no de que esto fuera algo real, porque lo fue desde que comenzó, sino de que era posible de realizar con manos humanas y en una sociedad tan apagada como esta.
Un hombre de blanco me visitó un poco después de esto, digo hombre, pero en sus ojos estaba la esencia de una era de personas y un fogonazo del conocimiento que estaba por encontrar.
“Estas conciente de las conclusiones, pero debo recordarte, no hay un final agradable a esto”
Su tono monótono me recordó a los bancos al explicar miscelanea sin importancia que de todas formas requeria ser explicada por ley si el cliente lo exigia. Este hombre me hablo sabiendo que no había nada que pudiera hacer para detenerme.
Pero no pude evitar pensar que quizás, había un peligro que no considere, mientras no tenia asco a la idea de abandonar mi humanidad o que la de otros cesé, algo había estado solamente en lo profundo de mi mente.
“Un destino peor que la muerte es el no haber existido nunca”
Pero seguí
Y seguí
Solo de nuevo, justificando cadáveres cada tanto, esquivando organizaciones una vez o dos por mes.
Y lo encontré.
Y tuve que decidir.
Entre escapar y observar la novedad desde adentro, o entre actuar, y terminar el extraño proceso geo-metafísico.
Me inyecte aire en una arteria, mientras observaba como solamente el reconocer la existencia de otro abismo tan grande o más grande que el que yo adoraba tanto, existiera, y de que seguramente, fuera algo exponencial, oscuridad al lado de más oscuridad, oscuridad superpuesta, oscuridad que mantenía a más oscuridades dentro de ella. Y lo más terrible de todo, sería la existencia de un abismo blanco.
El cielo.
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domingo, 18 de agosto de 2019
domingo, 21 de julio de 2019
301
Caminamos acuclillados entre las paredes del callejón, paredes con ojos neutrales. Íbamos despacio, esquivamos la luz, pero queríamos correr y no parar.
Uno patea una lata, se para, disparan, cae, corremos, disparan, disparan, disparan, se detienen, disparan, caemos.
Chocó contra las paredes, nunca dobló sin chocarme, nunca corro sin tropezarme, apenas mantengo el equilibrio, ignoro los cadáveres, pero se que están ahí, y me dan arcadas, y sigo corriendo.
El disparo da miedo pero el sonido del bulto contra el piso espanta, le da tanto miedo a uno la mortalidad, la realidad, que se entrega a ella, consciente, subconscientemente,
Tengo rajado el cráneo, la sangre me tapa el ojo izquierdo y me faltan algunos dientes, pero no percibo ni me acuerdo cuando obtengo cada nueva herida, las piernas y los pulmones son los que importa, también la nariz, lo demás, lo puedo volver a comprar.
Me ahogo en las miradas antes que el ruido, yo tampoco haría nada en su posición, pero se siente mal igual. Salvanos, a todos, solo te cuesta la vida, uno es menos que cien, 80 kilos de carne por una tonelada de metal.
Pero corro solo yo, 140 kilos de metal, cables y silicona.
Mis otros trescientos yo están muertos o muriendo, los siento a todos, los extraño, los quiero vengar, pero soy solo piezas, estoy desconectado, estoy corriendo, corriendo con una herida de bala en el esternón.
Los sonidos no existen, las imágenes se oscurecen, se deforman, las paredes son más duras, los ojos mas grandes, los policias mas rapidos.
Chocó contra un joven de carne, mis piezas destrozadas, lo empalan, un error, imperdonable, pero el tiene un celular, prioridad.
Tomó el aparato a la vez que una docena de proyectiles se incrustaban en mi pecho.
Mis otros trescientos y un yo están muertos, todos muertos, pero yo soy nuevamente información, una sombra de lo que fuí, pero listo para volver.
Uno patea una lata, se para, disparan, cae, corremos, disparan, disparan, disparan, se detienen, disparan, caemos.
Chocó contra las paredes, nunca dobló sin chocarme, nunca corro sin tropezarme, apenas mantengo el equilibrio, ignoro los cadáveres, pero se que están ahí, y me dan arcadas, y sigo corriendo.
El disparo da miedo pero el sonido del bulto contra el piso espanta, le da tanto miedo a uno la mortalidad, la realidad, que se entrega a ella, consciente, subconscientemente,
Tengo rajado el cráneo, la sangre me tapa el ojo izquierdo y me faltan algunos dientes, pero no percibo ni me acuerdo cuando obtengo cada nueva herida, las piernas y los pulmones son los que importa, también la nariz, lo demás, lo puedo volver a comprar.
Me ahogo en las miradas antes que el ruido, yo tampoco haría nada en su posición, pero se siente mal igual. Salvanos, a todos, solo te cuesta la vida, uno es menos que cien, 80 kilos de carne por una tonelada de metal.
Pero corro solo yo, 140 kilos de metal, cables y silicona.
Mis otros trescientos yo están muertos o muriendo, los siento a todos, los extraño, los quiero vengar, pero soy solo piezas, estoy desconectado, estoy corriendo, corriendo con una herida de bala en el esternón.
Los sonidos no existen, las imágenes se oscurecen, se deforman, las paredes son más duras, los ojos mas grandes, los policias mas rapidos.
Chocó contra un joven de carne, mis piezas destrozadas, lo empalan, un error, imperdonable, pero el tiene un celular, prioridad.
Tomó el aparato a la vez que una docena de proyectiles se incrustaban en mi pecho.
Mis otros trescientos y un yo están muertos, todos muertos, pero yo soy nuevamente información, una sombra de lo que fuí, pero listo para volver.
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Burundanga
El vagón estaba helado, siempre había un pelotudo que no cerraba la ventana, y no era un tema de que le gustara el viento, o el frío, o de ...
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